Diferentes tipos de ERP y cómo eligir uno

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Al seleccionar un ERP, las empresas se enfrentan a un primer dilema: desarrollar un ERP propio (conlleva gastos importantes de desarrollo y mantenimiento de software) o usar uno estándar existente en el mercado (ahorra costos, pero ¿se adaptará plenamente a la realidad y filosofía de la empresa?).

La tendencia en los últimos años parece preferir el uso de ERPs existentes en el mercado, quizá con módulos adicionales desarrollados específicamente para la empresa, o adaptados para que se ajusten a las necesidades específicas. No obstante, siguen existiendo muchas empresas que utilizan ERPs propios.

Dentro de las soluciones estándar, existen básicamente dos tipos de ERPs, los generales y los especializados. Los ERPs generales, también llamados horizontales, sirven para cualquier empresa. Los ERPs especializados, también llamados sectoriales o verticales, intentan dar soluciones a sectores específicos como la distribución, los medios o la construcción, por mencionar algunos.

Algunos de los factores que las empresas deben considerar a la hora de elegir un ERP son:

  • El grado de especialización – No es lo mismo un laboratorio farmacéutico que una cadena de supermercados.
  • El tamaño – no es lo mismo tener 50 empleados que 50.000
  • La escalabilidad del ERP – ¿se adaptará a la previsión de crecimiento que tiene la empresa?

Entre las aplicaciones “estándar” hay una clara diferencia entre los que apuntan a una empresa de tamaño grande y otras que son de empresa mediana y pequeña.

  • Microsoft Dynamics y SAP para las empresas grandes.
  • En el mercado de las PYMES se encuentra Microsoft Navision, SAGE X3, Solmicro Expertis, SAP Bussines one, A3 ERP, Oracle.
  • Para empresas pequeñas existen desde soluciones en la “Nube” que se pueden alquilar como NetSuite ERP.

Una vez elegido el ERP (ya sea de desarrollo propio o alguno de los existentes en el mercado), un siguiente paso no menos difícil es implantar el ERP dentro de la empresa.

Un ERP tiene una forma de funcionar y una organización de datos, a los cuales deberán adaptarse los empleados y directivos de la compañía.

Se estima que un 10% de los proyectos de implantación de un ERP no llegan a buen término por dificultades a la hora de ser adoptado por los empleados.

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