Retos tecnológicos y humanos del nuevo gobierno

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Tras la toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador, México oficialmente tiene nuevo presidente. Los retos que en materia tecnológica enfrenta la nueva administración son diversos y arrastran un rezago cuya reversión reposa, sobre todo, en la necesidad de una mayor infraestructura en el área y un plan efectivo de inclusión.

Un país que ostenta el segundo puesto como economía en América Latina, pero donde el acceso a internet es tan solo del 61 % de la población ­­–alrededor de 50 millones de ciudadanos se hallan al margen de las tecnologías de información y comunicación–, claramente reclama mayores plataformas y equipamiento para que la población haga uso de las tecnologías y se impulse una economía digital y una cultura de innovación que sobresalgan en la región.

Cuando a escala global se promueve tan fuerte el concepto de gobierno electrónico y todos los sectores han sido tocados por la mano de la cuarta revolución industrial, es inadmisible una brecha de acceso a la red tan amplia como la existente en la nación azteca. De modo que, si se quiere transformar la realidad mexicana, las acciones por aumentar y garantizar la conectividad deben ser eje de la próxima estrategia digital nacional.

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Cerrar la brecha digital

Al respecto de las propuestas, el nuevo mandatario tiene intención de perfilar acuerdos con las empresas que tienen concesiones y se provea internet en todos los espacios e instituciones públicos del país. El Proyecto Nación incluye la inversión para la instalación por concesión; sin embargo, más allá de la infraestructura, se precisa de una política pública que promueva una verdadera cultura digital. De lo contrario, puede suceder lo que ocurre en muchas compañías cuando se implantan sistemas de información sin prever como es debido el factor humano: se procuran enormes inversiones, pero la adopción de la tecnología resulta tan baja que el ROI (retorno sobre la inversión) no logra su cometido.

Que un habitante remoto cuente con internet, pero no tenga algún dispositivo para acceder a las plataformas de atención ciudadana; coparticipar digitalmente en planes para la construcción del país, o promocionar su perfil para buscar empleo, deja claro desembolsos y esfuerzos no muy sensatos. Pero al hablar de inclusión, el asunto tampoco se trata de repartir de manera desmedida dispositivos inteligentes a la vez que la geografía de acceso a la red mejora.

La visión para la encomienda exige una mirada un tanto holística que facilite la relación hombre-tecnología. En buena medida, es con este criterio que será posible un desarrollo cónsono con la demanda de la realidad digital y el nivel que en materia de TIC requiere el país para elevar su competitividad.

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