La toma de decisiones basada en pálpitos y suposiciones quedó atrás. Actuar de ese modo no solo testifica la falta de inteligencia en la organización, sino que puede llevar a la empresa a sufrir una debacle imposible de superar. Para evitar navegar a ciegas y llevar a la compañía a buen puerto, las tecnologías de información brindan una serie de productos enmarcados en la era digital.

A grandes rasgos, la empresa inteligente es aquella capaz de adaptarse con agilidad a los cambios del entorno. Esto implica el empleo, por parte de sus miembros, de conocimientos para adaptar los planes de acción según la demanda. No obstante, para llegar allí es necesario contar con los instrumentos adecuados y desarrollar habilidades analíticas en función del negocio.

Las herramientas con que una empresa puede contar para aumentar su coeficiente intelectual son múltiples. Sin embargo, dada la realidad de los mercados, estas deben atender un aspecto clave en torno al sentido de la competencia: la velocidad de circulación de la información.

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La enorme cantidad de datos que se generan cada minuto y la rapidez con que deben ser procesados supone para la empresa inteligente un reto significativo en términos de recolección y almacenamiento. Este desafío pone de manifiesto la necesidad de contar con sistemas de información actualizados y con la habilidad de escalar e integrar diversas aplicaciones.

Reposar las oportunidades de éxito en sistemas caducos inhabilita a los colaboradores de la compañía para tomar decisiones correctas, lo que aumenta los riesgos en la organización, genera estancamiento y propaga en el equipo un sentimiento de frustración: si a los trabajadores se les están exigiendo acciones que conduzcan a los objetivos de negocio, lo adecuado es que se les faciliten las armas para lograrlo. Esto pareciera una obviedad, pero lo corriente es encontrar organizaciones que reclaman grandes resultados a sus empleados sin proveerles a estos los medios para ello.

En conclusión, para construir una empresa inteligente es necesario contar con miembros capacitados y habilitados para tomar decisiones a partir del conocimiento generado de los datos e información de la compañía, mismos que deben gestionarse en plataformas eficientes para ganar velocidad y aciertos. No es una menuda tarea; se trata de un esfuerzo asociado a la práctica de la innovación que requiere repasar la alineación de la estrategia empresarial con la estrategia tecnológica hasta alcanzar el trabajo integrado entre sistemas y áreas. Promover una cultura centrada en datos es clave en este proceso.

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